José Martí, Nuestra América, La revista Ilustrada de Nueva York, 1891
En el texto el autor menciona que al Aldeano le importa más el dinero, con eso ya da por buena una orden, en estos tiempos hay que dormir con las armas de almohada, armas de juicio y las trincheras de ideas que valen más que las de piedra.
Cree el aldeano que el mundo entero es su aldea, y con tal que quede alcalde. Sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en la bota.
Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de conocerse, si no quieren que les llame el pueblo de ladrones, es la hora del recuento de la marcha, unida como la plata en las raíces de los Andes.
Los nacidos en América que se avergüenza porque llevan delantal indio de la madre que los crio, y reniegan. Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, la incapacidad no está en el país naciente, ya que el buen gobernante de América es el que sabe con qué métodos está hecho su país para llegar al equilibrio de los elementos naturales, sin embargo hay batalla entre la falsa erudición y la naturaleza, conocer el país y gobernarlo conforme al conocimiento, es librarlo de tiranías.
Salimos a la conquista de la libertad con un gobierno que tenía por base la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de uno sobre la razón campestre de otros. Nuestra América se está salvando de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, del desdén inicuo e impolítico de la república que lucha contra la colonia. Pero “estos países se salvarán”. El indio, mudo se iba al monte a bautizar a sus hijos. El negro, cantaba en la noche la música de su corazón. El campesino ciego de indignación, contra su criatura. . Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano. Las levitas son de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales, los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; surgen los estudios directos de la Naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas estudian la dificultad en sus orígenes. Los oradores empiezan a ser sobrios. Las academias discuten temas viables. De todos sus peligros se va salvando América, se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar lo peor de él. No hay odio de razas, porque no hay razas. Peca contra la humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas.
La América trabajadora; es la semilla de la América nueva!
Samanta Chicaiza
Johan Guamán
Alexander Toaza